“Tragando varios ‘puñaos’ de arena”

Acostumbrarse a la mentira, acostumbrarse a esta mentira, que corona la impunidad y se carcajea en nuestra cara, es una forma de perder, con o sin elecciones.

Maruja Torres  21/01/2015 – 21:04h

Esto sí que es tragar. Reforma del Código Penal.  Vender recuperación del paciente sólo porque el moribundo se mueve, zarandeado por las moscas o las hormigas que siguen chupándole la sangre. Hacer promesas electorales, filmarse vídeos de autoestima con imitaciones de actuaciones humanas que resultarían ridículas si no fuera porque, a lo peor, funcionan.

Es de eso, tal vez, de lo que habla la encuesta Sigma, según la cual después de las elecciones su descalabro es menor del esperado, definitivamente no se retirarán a sus cuarteles de invierno, como deberían. Pese a todo, van a ganar. Con tanto imputado, tanta falsedad, tanta cara dura. Da igual. Es como vivir en el interior de una copla masoquista, pero sin emociones: me lo dijeron mil veces, mas yo nunca quise poner atención, media vuelta, golpe de bata de cola, media vuelta más, otro golpe de bata, y al mismo sitio.

¿Cómo es posible? Ocurre que en este país existe un alto porcentaje de individuos que: a), se lucran con el Gobierno actual y celebran sus andanzas; b), se arruinan con este Gobierno pero esperan rehacerse en breve; c), son de derechas de toda la vida y nunca se les ocurriría no votar a los populares; d), les va una buena dictadura pero, en espera de que vuelva, eligen lo que parece una versión soft, y se regocijan leyendo el nuevo Código Penal; y e), los pasivos, bovinos, miedicas, quejumbrosos equidistantes o indiferentes, siempre refunfuñando pero siempre a favor del orden antes que de la justicia, siempre obedientes en su permanente reacción contra el progreso.

Me detengo, porque tendría que usar casi todas las letras del abecedario, aunque no querría olvidarme de los elitistas, los admiradores del desparpajo de Aguirre y de la sobria catadura de Rajoy, los antiabortistas vergonzantes o descarados, las víctimas del terrorismo que se creen con derecho a imponernos a todos su ideología, los machistas, los partidarios del traje gris marengo a todas horas, los meapilas, los intransigentes, los hidalgos, los cruzados, los vírgenes, los partidarios de conducir audazmente con copas de más y ser sobreseídos, o de conducir audazmente sin copas de más y ser soslayados, los que creen que Floriano tiene don de gentes…

Naturalmente, podéis concretar en un mismo votante todas las categorías que acabo de apuntar, y, por supuesto, no sólo podéis sino que debéis combinar en ellas todos los sexos descubiertos hasta el momento. No quiero discriminar a nadie.

Lo más sorprendente en todo este asunto es que refleja una aceptación indescriptible —yo, al menos, no tengo palabras— de la mentira como norma de Gobierno.

Siempre nos han mentido los representantes de la alta política, de una manera u otra, siempre han escondido la porquería debajo de las alfombras, siempre, incluso, se han creído sus propios embustes, ya que es indispensable el autoengaño para formular falsificaciones con convicción. Sin embargo, estos se acercan e incluso superan las sucesivas imposturas que el régimen franquista nos vendió hasta casi el final de su fase anterior a ésta.

Escribo superan porque para Franco fue fácil ir creando la costra de su España sobre un país destrozado y una legión de vencidos, y colarse en las venas abiertas de un pueblo exhausto. Tenía hecho el trabajo de exterminio. La gracia y el salero de la banda de ahora consiste en que sus coplas retorcidas fructifican en ciudadanos que se suponen libres.

Acostumbrarse a la mentira, acostumbrarse a esta mentira, que corona la impunidad y se carcajea en nuestra cara, es una forma de perder, con o sin elecciones. Vivimos dentro de un bucle de copla masoquista: que se me salten los pulsos si te dejo de querer, dime que me quieres aunque sea mentira, échame en los ojos un puñao de arena, pero quiéreme.

Aparte de lo dicho, y para romper mi propio pesimismo: el futuro no está escrito, por mala hostia que tenga yo hoy. Y este año y pico va a ser de lo más interesante, al menos periodísticamente hablando. Nos vamos a morir de interés. Oh, no, basta, ya estoy otra vez.

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