“Los griegos”

Del resultado de las elecciones va a depender si tenemos que defender a Europa de sus grandes fundadores

Jorge M. Reverte 25 ENE 2015 – 00:00 CET

Josep Pla, que era hombre de sentencias poco perecederas, recordaba que los griegos fueron los primeros en detener a los persas en la batalla de Maratón. Eso tuvo como consecuencia no inmediata que Europa pudiera construirse fuera de la influencia oriental, que ahora nos parece tan ajena a nuestra cultura.

Miguel de Cervantes, que tampoco escribía mal ni tenía mal tino, participó en la otra gran bronca oriental para detener al enemigo secular. Fue en Lepanto, también en Grecia.

Grecia ha vivido estos días jornadas electorales que culminan hoy con una votación que ha puesto nervioso al mundo.

No se trata ahora de si vienen o no los persas o los turcos, sino de si vienen los griegos. ¡Dios mío, los griegos! ¿Qué quiere decir eso?.

Según algunos quiere decir desorden. Ni más ni menos que eso, pero no es poco. El presunto orden natural de las cosas, el orden occidental, es el que ahora dicta Angela Merkel, que interpreta con un acierto que nadie se atreve a desmentir las reglas del capitalismo existente.

Y viene a cuento Maratón porque no tenemos ni la más remota idea de qué va a acabar haciendo el líder radical de Syriza, Alexis Tsipras. Imaginando que Tsipras pudiera encabezar un gobierno alternativo, ¿podemos pensar que va a romper las reglas del juego quebrantando, por ejemplo, las normas de pago internacionales? Yo creo que no, pero también existe la impresión de que los organismos internacionales se van tener que enfrentar por primera vez a alguien que les planta cara, aunque sea para que se la rompan. Si Tsipras no lo consigue, quien gane va a tener que tomarle muy en serio.

Grecia es hoy Maratón porque allí comienza algo cuyo final desconocemos pero que llamaremos Europa.

El actual modelo europeo se rige por los restos de una socialdemocracia naufragada unidos a un liberalismo rampante y triunfal. Pero esa coalición no tiene ningún asomo de ser estable. Falta una nueva forma de enfrentarse a la política. Esto no es nada original, hasta Carlos Floriano se ha dado cuenta.

La primera batalla en este terreno entre las ideologías que, se supone, han entrado en decadencia y las nuevas políticas que, se supone, vienen a cambiarlo todo, se va a dar hoy en Grecia. No, no va a llegar el caos como prevén demasiados agoreros, pero sí seguramente un profundo cambio social y político.

Del resultado de esta batalla va a depender si tenemos que defender a Europa de sus grandes fundadores, de los griegos. Y nos tenemos que preguntar muchas cosas. Entre otras una que no es menor, ¿por qué la UE se ha atrevido a poner en cuestión la validez de una formación política? Sería hermoso ver ahora a un político griego advertir, con severidad y un dedo índice levantado, a Angela Merkel sobre lo peligroso de tener movimientos neonazis en Alemania.

Esperemos que de Grecia, después de Lepanto y Maratón, nos vuelva a venir la sabiduría.

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