Sucios secretos

Europa no tiene agallas de poner contra las cuerdas a los Gobiernos que protegen a empresas tramposas ni a esas empresas

José Ignacio Torreblanca 7 OCT 2015

Hubo un tiempo en el que las calderas de carbón hacían irrespirables nuestras ciudades, provocando numerosas enfermedades respiratorias. Poco a poco, nos deshicimos de las calderas de carbón. Pero nuestras ciudades siguieron siendo irrespirables. La culpa de ello fue del tráfico privado, que se convirtió en la principal fuente de contaminación. Hoy sabemos que las emisiones generadas por el tráfico privado matan, que hacer deporte al aire libre en el centro de nuestras ciudades no es saludable y que criar a nuestros hijos allí no es recomendable.

Los mineros perdieron sus empleos porque su fuente de vida chocó con el derecho a la salud. Pero la industria del automóvil ha logrado enmarcar un producto, el vehículo privado, cuyo uso debería estar prácticamente prohibido en el centro de las ciudades, como un derecho fundamental. Esa industria ha gastado inmensas cantidades de dinero en convencer a los reguladores y a la ciudadanía de que los motores diésel eran limpios: ahora descubrimos que eran sucios y que hacían trampas.

No vale indignarse. Se trata de entender cómo ha sido posible que se trucaran 11 millones de motores sin que nadie en toda Europa se diera cuenta. ¿Cómo es posible que esa Europa hiperreguladora en la que se producen el 75% de los motores diésel del mundo haya tenido que enterarse de semejante fraude por la agencia de medio ambiente estadounidense?

Estamos ante un delito medioambiental de gigantescas consecuencias, con implicaciones penales insoslayables, pues se ha puesto en peligro la vida de la gente. Esto debería haber provocado ya la convocatoria de una comisión de investigación en el Parlamento Europeo. La única pega es que el perpetrador (la industria del automóvil) tiene un poder igual de gigantesco y que el padrino del perpetrador (Alemania) es el país más poderoso de Europa. Ya vimos, con ocasión de las revelaciones sobre las prácticas fiscales irregulares de las multinacionales (Luxleaks), que Europa no tiene agallas cuando se trata de poner contra las cuerdas a los Gobiernos que protegen a empresas tramposas ni a esas empresas. Ahora estamos viendo el mismo fenómeno. Si el Parlamento Europeo quiere ser tomado en serio por la ciudadanía, aquí tiene una oportunidad de oro. @jitorreblanca

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