“‘Los caprichos de la suerte’, el testamento literario de Baroja”

El sobrino nieto del escritor presenta la obra, que completa la trilogía ‘Las saturnales’, en la casa familiar de Itzea

Winston Manrique Sabogal 29 OCT 2015

1446058011_149770_1446069212_sumario_normalRetrato de Pío Baroja, sin fecha y sin autor.

Una carpeta gris anudada con dos cintas rojas guarda el testamento literario, sentimental e ideológico de Pío Baroja, que este miércoles se ha presentado en Itzea, casa de los Baroja en Bera (Navarra). Se titula Los caprichos de la suerte (Espasa). Los valores de este obra son múltiples: fue la última novela que escribió el autor donostiarra, es la última novela inédita, es la historia en la cual el escritor recrea su experiencia del comienzo de la Guerra Civil española (su detención, huida a Francia e intención de viajar a América) y con la que cierra su trilogía sobre la Guerra Civil titulada Las saturnales, compuesta por El cantor vagabundo (1950) y Miserias de la guerra (2006), donde aparece por primera vez el personaje protagonista de esta novela inédita y acontecimiento literario.

Pío Baroja (San Sebastián, 1872-Madrid, 1956) se centra, esta vez, en la posguerra y los albores de la Segunda Guerra Mundial en París con tintes muy autobiográficos. Narra la travesía que emprende Luis Goyena y Elorrio, un periodista y escritor, una especie de alter ego suyo, para huir de los jirones de vida en que ha quedado convertida España. Primero hace el camino a pie de Madrid a Valencia, hasta que logra llegar a París, con el sueño de terminar en América. Pero luego, en París, aparecerá Pío Baroja, identificado como “un señor viejo del hotel Palais Royal”, que dará su opinión sobre temas como la Alemania de la época, el nazismo o Francia, y se verá su cambio de percepción frente a estas cuestiones.

Es una novela con pasajes muy barojianos, como ese arranque donde presenta a los personajes de manera muy real y describe el paisaje desolador que él ve a medida que cruza el país. También es una novela de ideas donde en las diferentes conversaciones de los personajes, sobre todo del protagonista, Baroja deja traslucir sus teorías literarias y opiniones sobre el comunismo, lo español y los españoles, la sociedad, los pueblos de la época, el optimismo, la amistad, la mediocridad y el amor y el desamor.

“Los caprichos de la suerte siempre ha estado localizada en mi familia, pero no se había publicado por varios motivos: primero por temor a la censura franquista; luego en 1972 empezamos la edición de toda su obra hasta que apareció en 2006 Miserias de la guerra, censurada por la dictadura a comienzos de los años 50, hasta que hace tres años, cuando José-Carlos Mainer preparaba la biografía de Baroja, le propusimos la edición de esta obra que cerraba Las saturnales”, cuenta Pío Caro-Baroja Jaureguialzo, sobrino nieto del escritor de clásicos del siglo XX como El árbol de la ciencia. Lo hace en la biblioteca que tenía Pío Baroja en el caserón de Itzea, a orillas del arroyo de Xantelerreka. La novela llegará a las librerías el 5 de noviembre.

El original de Los caprichos de la suerte tiene 276 páginas más apéndices, que en la edición de Espasa son 190 páginas más una introducción de José-Carlos Mainer. Es la tercera versión: la primera es el manuscrito perdido, la segunda es la obra mecanografiada con tinta azul y la tercera es esta misma pero con docenas de tachaduras, correcciones, añadiduras y adendas hechas de puño y letra de Pío Baroja con pluma negra. En realidad, las tres primeras páginas están escritas a mano y el resto de folios están mecanografiados de manera apaisada, que era como Baroja solía hacerlo, con lo cual cada línea era más larga y permitía avanzar rápidamente al girar menos el rodillo de la máquina. La transcripción la ha hecho Ernesto Viamonte y la edición e introducción Mainer, editor de las obras completas de Baroja, en Galaxia Gutenberg.

Diferentes ideas de Baroja en ‘Los caprichos de la suerte’

Entre las ideas del testamento literario de Pío Baroja se encuentra algunas sobre sus compatriotas: “El español actualmente está cerrado en su utopía y no acepta nada de los demás. Haga lo que haga y diga lo que diga. Así es muy difícil que puedan entenderse”.

Sobre la sociedad: “Vivimos en una época mediocre y cruel. Cuando se llegue a una época mediocre y apacible, la gente estará contenta. Ahora puede suceder que este pobre ideal mediocre no se pueda alcanzar y se repita en la sociedad la historia del anillo de Polícrates”.

Sobre el comunismo: “En Rusia parecer ser que han suprimido todos los leprosos. Cuando supriman los tuberculosos, los escrofulosos, los sifilíticos y con ellos los escritores individualistas que se burlan de Karl Marx o de cualquier otro profeta mesiánico y judaico, entonces Stalin comenzará a edificar su verdadero paraíso soviético. Y quizá en esa época habrá mucha gente que encuentre demasiado aburrido este planeta nuestro”.

Sobre la amistad: “Había muchas clases de amistad, pocas que no tuviesen algún interés egoísta encubierto, más o menos inconsciente. No era fácil creer que hubiera un sentimiento humano que no tuviese su fondo de utilidad”.

Sobre el amor y el desamor: “La canción decía así: ‘Buena suerte en el amor / Elorrio ya no tendrá; / queriendo ser seductor / Elorrio fracasará. / Que vaya al norte o al sur / es lo mismo para él; / honrado, caco o tahúr / no tiene suerte ni ley”.

Baroja escribió esta novela, y el proyecto de Las saturnales, entre 1949 y 1951, en su casa madrileña de la calle Ruiz de Alarcón, número 12. “Allí vivió su exilio interior tras la Guerra Civil que pasó fuera del país. En 1950 publicó El cantor vagabundo, luego pecó de ingenuo y presentó Miserias de la guerra que fue censurada y tal vez por ese motivo decidió no exponerse con Los caprichos de la suerte”, explica Caro-Baroja.

La novela está en Itzea porque es allí donde está todo lo concerniente a los Baroja. Una casa tapizada de unos 40.000 libros en la que los armarios no guardan ropa sino más libros. Impregnado del desencanto de la España de la guerra y posguerra, Pío Baroja solo volvió a su paraíso de Itzea de manera muy esporádica y puntual. La última vez fue en 1955, un año antes de su fallecimiento. Sus caminatas por el campo navarro las sustituyó por las del Parque del Retiro, en Madrid, cercano a su casa.

En Itzea sorprendió a Baroja el alzamiento del 18 de julio de 1936. Quedó en zona nacional. El escritor fue detenido, casi fusilado, pero al final fue puesto en libertad. El 22 de julio, con su sobrino Julio, se fue andando cinco kilómetros hasta cruzar la frontera con Francia. Luego volvería. Pero se instalaría, básicamente, en París. Esa travesía física, intelectual y espiritual es la que novela en Los caprichos de la suerte. Allí están tres de sus temas capitales: su obsesión por el conflicto español y las teorías de sus causas, la presencia de un amor frustrado y su estilo directo, claro y libre de retórica. Y un deseo: viajar a América. “Ese es el debate central de la novela, y que vive el protagonista entre viajar o quedarse”, señala Caro-Baroja.

Los caprichos de la suerte confirma y amplía, según Mainer, “la visión absolutamente negativa de la Guerra Civil. Baroja consideraba que fue una barbaridad y que la culpa la tuvo en buena medida la democratización de la política, y la politización de la sociedad española, incluso la República, donde la gran víctima fue la burguesía”.

Esta novela inédita, dice Mainer, nace y procede de Los caprichos del destino, una novela corta de comienzos de los años cuarenta; se desarrolla y finalmente se hace grande en el libro ahora hallado, Los caprichos de la suerte. De éste nacerán, además, dos nuevas obras barojianas: El hotel del cisne y Aquí, París. Según Caro-Baroja no hay más inéditos de ficción. Quedan algunas semblanzas y ensayos.

Esta obra que cierra Las saturnales, en clara referencia mitológica a Saturno devorando a sus hijos, se abre con un prólogo: “Hay quien sospecha –los emborronadores de papel somos suspicaces- que el que escribió este libro, medio en serio medio en broma, fue Luis Goyena y Elorrio. Se dice que primero le dio el título de la Danza de la muerte…”.

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