«’Boussole’ analiza lo que Europa debe a árabes, persas y turcos»

Mathias Enard ganó recientemente el premio Goncourt con su última novela, en la que pone sobre la mesa, contra visiones simplistas, la inmensa diversidad del Islam

BEATRIZ PÉREZBarcelona / E. La Voz, 16 de noviembre de 2015.

Un musicólogo de 40 años, en una noche de insomnio, reflexiona sobre su vida mientras su mente viaja a París, Estambul, Damasco, Teherán. Esto podría ser una tosca sinopsis de Boussole (Actes Sud), la última novela del francés residente en Barcelona Mathias Enard (Niort, 1972), que le granjeó el premio Goncourt 2015. El galardón, dotado simbólicamente de 10 euros, es el más prestigioso de Francia y se traducirá en unas 400.000 copias vendidas. Boussole está dedicada a la población siria y se podrá leer en castellano en septiembre del 2016 en traducción de Robert Juan-Cantavella para Penguin Random House.

-Boussole significa «brújula». ¿Por qué este título?

-En la novela salen muchas brújulas. Hay una, en concreto, que es la de Beethoven, la cual existe de verdad y está en Bonn. Boussole es un gran viaje a Oriente, al este. En él se juega con el término orientación, que proviene de Oriente y que tiene que ver con encontrar el este, más que el norte.

-El libro reflexiona sobre las relaciones entre Oriente y Occidente.

-Lo que se ve en Boussole es cómo Occidente, en los siglos XIX y XX, importó muchas cosas de Oriente a través de viajeros, traductores, músicos? Cuenta por ejemplo la posterior influencia en la literatura europea de los textos traducidos por orientalistas científicos. He tratado de analizar lo que los europeos le debemos a los mundos árabe, persa y turco.

-Disculpe la pregunta de siempre: ¿qué hay de autobiográfico en la novela?

-No es autobiográfica, pero sí introduzco mis recuerdos de paisajes, gentes y ambientes del mundo árabe que he conocido. Siempre para hacer un artefacto ficcional. Tuve la idea hace unos ocho años y empecé a escribir Boussole hace cuatro. El hecho de que haya estallado una guerra en Siria -donde yo viví cuatro años- me empujó a ello.

-Resulta paradójico que le den el Goncourt cuando Francia, en plena crisis migratoria, está bombardeando Siria e Irak.

-No es solo un problema de Francia, sino de Europa. No hemos hecho nada para parar la violencia en Siria. Esta es una de las mayores catástrofes mundiales desde la Segunda Guerra Mundial y tenemos en ella una clara responsabilidad por haber apoyado durante años el régimen sirio de Al Assad, por haber dejado la revolución siria a su suerte.

-Usted lo ha dicho: uno de sus objetivos en Boussole es luchar contra la imagen simplista de un Oriente musulmán y enemigo.

-Es que todo va muy rápido en los medios de comunicación: lo que nos llega son solo imágenes de violencia. A menudo carecemos de tiempo para pensar y leer. La diversidad que hay en el Islam es inmensa. La literatura sí puede profundizar en estas diferencias porque concede tiempo al pensamiento.

-En novelas como La perfección del tiro (2003) y Zona (2009) abundan los detalles bélicos. ¿Por qué esta obsesión con la guerra?

-El Medio Oriente lleva casi un siglo en guerra. La perfección del tiro está basada en la guerra del Líbano, y Zona hace un retrato de lo que ha sido la historia del Mediterráneo en los últimos 200 años, centrándose en la guerra de los Balcanes y, especialmente, en las de la exYugoslavia. Pero también habla de otras, como la guerra civil de Argel. Mi intención es retratar el lado épico del Mediterráneo.

-De hecho, este mar juega un papel importante en sus novelas.

-Lo que me apasiona de este espacio es el modo en que ha sabido crear algo mestizo para después destruirlo. Por ejemplo, Granada, Córdoba, las Tres Culturas [musulmanes, judíos y cristianos] supusieron un momento increíble de convivencia y de creación conjunta, pero todo eso fue destruido por los Reyes Católicos. También Estambul fue una gran metrópolis cosmopolita hasta principios del siglo XX. Y luego desapareció. Algo así le ocurrió a Beirut.

-Juan Goytisolo siempre ha sido crítico con la incapacidad de España para reconocer su pasado árabe.

-Es algo que está cambiando, pero sí, el mundo árabe no deja de ser para España una especie de orientalismo de andar por casa. Sin embargo, Oriente está en España, y estuvo en ella durante siglos. Para los españoles es una suerte que no tiene el resto de Europa. Habéis sido grandes e importantes también gracias a ellos. El imperio musulmán ha dado al Mediterráneo momentos de grandeza cultural entre los siglos X y XIV.

-Barcelona y su barrio del Raval, donde usted ambientó Calle de los ladrones, son buenos escenarios para observar el mestizaje cultural.

-Me interesa muchísimo el Raval, por eso vivo ahí. En el Raval está una de las mayores comunidades paquistaníes del mundo, tras la de Londres. Es un barrio céntrico, por su ubicación geográfica, pero a la vez periférico, por las actividades que se llevan a cabo en él y por la gente que a él ha ido llegando. El Raval es, para muchos, la puerta de entrada a Barcelona.

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