“Piojos”

PEDRO SIMÓN 16/01/2016

Cuando era pequeño a veces tenía la cabeza llena de fantasías y a veces la tenía llena de piojos, así que, de tanta familiaridad, a estos últimos los veo yo venir desde lejos. Como si tuviera un sentido arácnido a lo Peter Parker que me avisara de que se me acerca un bicho que viene a vivir a mi costa. Si entro, pongamos por caso, en una fiesta de cumpleaños y allí hay un solo piojo emboscado en forma de padre o de niño, yo lo detecto antes de que nos saquen la tarta.

-A ti algo te pica -dice entonces mi mujer.

-Es ese de ahí.

Y yo señalo al culpable, que suele andar con una lata de cerveza en la mano.

Hay más de 3.200 tipos de piojos. Están los piojos masticadores y los pijos chupadores. Los piojos del elefante y los de las aves. Los piojos de la cabeza y los de la entrepierna. Los piojos de la comunidad de vecinos y los del trabajo. Los piojos del banco y los piojos de diputado.

Saco la retahíla de los piojos porque en España la política se ha puesto de peluquería choni y ya tenemos a doña Celia Villalobos con ganas de arrancar cabelleras nada más tocar pelo parlamentario.

Doña Celia -que lleva 30 años viviendo de la cosa pública, no terminó la carrera de Derecho, juega al ‘Candy Crush’ en el Congreso de todos y llegó a gritarle a su chófer Manolo que no era más tonto porque no se entrenaba- se refiere al diputado de Podemos Alberto Rodríguez -técnico superior en Química Ambiental y trabajador en una refinería- de la siguiente manera: “Me da igual que lleven rastas, pero que las lleven limpias para no pegarme piojos” (sic).

Uno piensa que una clase política madura, abierta, sin prejuicios, reformista, elevada, escarmentada, debería estar menos pendiente del pelo que lleva cada cual y más de lo que se demuestre que hay cabeza adentro. Porque yo no creo que los de Podemos hayan venido (como los rojos) con la idea de pegarnos los piojos, sino más bien para tratar de ayudar (equivocadamente o no; calvos o con melenas de rastafari) en las tareas de desinfección.

Si José Bono no nos gustaba a muchos no era porque se hubiera implantado pelo, sino por sus oscuros negocios con la hípica y porque tenía la manía de querer retocarte las entrevistas. Si Jorge Moragas no me ofrece confianza no es porque un día se hiciera una foto con los rulos puestos, sino porque ahora se ha metido a barbero.

(…)

El problema es que hay políticos que nos quieren a todos con el mismo corte, que no tienen sobrinos que escuchen a Rosendo o que en los colegios de sus hijos nunca han tenido piojos y entonces no han desarrollado el sentido arácnido a lo Peter Parker.

Se lo digo yo, que los veo venir. Piojos son los de la trama de los ERE. Piojos son los que utilizan la Monarquía para drenar las arcas públicas. Piojos son Rato y Blesa, que junto a otros ftirápteros vampirizaron 15 millones de euros con unas tarjetas ‘black’ que estaban exentas de declarar a Hacienda.

El caso es que estas inconcreciones terminológicas me dan lumbago: Hacienda. Martín, que tiene ocho años y es fiel a partes iguales a sus piojos de primavera, a sus fantasías y a su padre, lo dice más bonito cuando me ve llevarme la mano a los riñones.

-¿Juegas en el suelo conmigo?

-No puedo, hijo. La espalda.

-¿Todavía te duele la hernia fiscal?

Hay piojos y piojos. A mí particularmente me preocupa muy poco el pelo que tenga cada cual o lo que haga con el suyo propio. A mí lo que me preocupa es que nos lo sigan tomando.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s