“Titirilandia”

ANTONIO LUCAS 09/02/2016    CABO SUELTO

Lo siento por Manuela Carmena, acosada en su covacha consistorial por una banda imprevisible que cada poco se la lía con una ocurrencia peor que la anterior. Es lo que tiene encabezar un equipo hecho por otros con remiendos y sobrantes de aquí y de allá. Daña más el descontrol de los propios que el canalleo del adversario. Eso lo sabe cualquiera. Y eso sucede en Madrid. En el Ayuntamiento. El asunto de los títeres es la sintomatología de un estado carencial. El cancaneo bobo de los chicos de las marionetas aparece como el penúltimo reducto de estupidez en un consistorio del que algunos esperábamos más ambición. Más lucidez. Más emoción. En Cultura, principalmente.

Carmena lo dijo bien para referirse a la partitura de los mozos: «deleznable» y «violenta». Los chicos quisieron ser más expansivos y agresivos que cualquier otro. Como si eso fuese una razón de ser. Pero es que el aforo era de niños. Así que sumémosle a lo dicho por Carmena otra sospecha más: absurdos. Por eso está bien el cabreo de la alcaldesa. Y estará mejor si replantea su equipo. Si le quita ese ramalazo de cacerolada permanente que ya vale de poco. Y dicho esto: ¿era la idiotez de la cachiporra como para encarcelar a los titiriteros? La prisión sin fianza es un exceso. Incluso sólo el calabozo, en este caso, lo es. Más aún si uno tiene costumbre de escuchar a algunos tertulianos volcar su pedriza en los micrófonos abrazados a la criptonita de la libertad de expresión. Los del guiñol se pasaron de listos, pero también asistimos por aquí cada día a un chotis de tíos y tías que desbarran por vía delincuencial tirando de comisiones y siguen ahí, aforadas unas y libres otros. Desenchufados de la Justicia inmediata. Y de la realidad.

España está como encallada en una titirilandia que va de la cachiporra política al moqueo de Elrubius (uno que enreda en YouTube). Y entre medias, el país formula paradojas como la de echar al calabozo a dos actores con las ideas del revés mientras no hay banquillo para tanto presunto ‘tironero’ institucional. Después de algunos telediarios da la impresión de que ya nadie merece una respuesta (o una explicación) y algunos sólo quieren borrar las verdades de sus delitos para volver a empezar. El trofeo de dos ‘bocazas’ en la cárcel es una forma cínica de demostrar que en este país el que la hace la paga. Una gramática tirando a reaccionaria que no sirve para tapar el butrón más letal: la corrupción y el zanganeo comisionista que es vicio habitual.

Uno, como español, quisiera saber qué cuenta Rajoy del pifostio trilero de los suyos, de la «organización criminal» que anotó en las diligencias un juez. Por ver si también merecen cárcel sin fianza y a toda velocidad los del ‘espectáculo’ de trincar. Pero últimamente el Presidente ha regresado a sus silencios macizos fingiendo que él está muy por encima incluso de lo que dice, que es como dar cuenta de que no se cree a sí mismo y sólo le queda esperar. Dos titiriteros en el calabozo es una recta lección de cómo se penaliza en este país. Aquí no chulea ni dios, sobre todo si no delinques por el cauce habitual. Que esto, a la que te descuidas, es un sindios.

 

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