“Que los encierren bajo llave”

6 may. 2016 El País  RUBÉN AMÓN

 El riesgo de que se repitan los mismos resultados del 20-D y la posibilidad de que haya elecciones anticipadas después de las elecciones anticipadas incitan a evocar el cónclave de Viterbo (1268-1271), cuyo desenlace requirió encerrar a los cardenales con dieta de agua y pan hasta que nombraron un jefe de Gobierno de la Iglesia.

Las medidas extremas se adoptaron por la indignación del pueblo ante la parsimonia de sus purpurados. Igual que ocurre ahora, había dos bloques ideológicos —güelfos y gibelinos— y había cuatro partidos, de forma que los cardenales especularon con el tiempo, la presión psicológica y el interés particular durante casi un año.

Se hizo intolerable la demora. E intervinieron las fuerzas vivas de la ciudad. Empezando por el capitán Raniero Gatti, a quien los historiadores atribuyen la iniciativa de las medidas de reclusión. No solo encerró a los cardenales en el Palacio de los Papas. Los arrinconó en una de las estancias, habilitando un respiradero para que accediera a iluminarlos el Espíritu Santo.

Podría hacerse lo mismo con Rajoy, Sánchez, Rivera e Iglesias. Habiendo malogrado todos ellos el humo de la fumata blanca, urgiría someterlos a la disciplina de un cónclave. El sustantivo proviene del latín, se originó en Viterbo y significa “con llave” (cum clavis), o bajo llave, en alusión al encierro del proceso electivo.

Es un buen ejemplo porque las diferencias políticas entre los monseñores se antojan superiores a las que distancian ahora las posiciones del cuarteto español. No ya por la batalla que libraron los cardenales del Pars Caroli —el partido güelfo, filofrancés— y del Pars Imperii —el gibelino, filoalemán— sino por los antecedentes criminales que enrarecieron el cónclave y el alcance de otros contratiempos luctuosos.

Llegaron a fallecer dos cardenales “de puro agotamiento”. Y se prolongaron las deliberaciones dos años más hasta convenirse la proclamación de un papa independiente, Gregorio X. Adquiere el escarmiento un valor contemporáneo porque incita a establecer reformas legislativas y logísticas al proceso electoral y de investidura. Igual que Gregorio X promulgó una nueva constitución apostólica (Ubi Periculum) como remedio al caos, los partidos políticos están obligados a legislar una solución al vacío legal que ha delatado este periodo de parálisis. Las elecciones se han repetido por negligencia y por tacticismo, pero también porque los candidatos habían sopesado la expectativa de la “segunda vuelta”. Se trataba de ganar tiempo. O de hacérnoslo perder a los demás.

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