“Mi cárcel “

El País – 8 jul. 2016 Jorge M. Reverte

Iñigo Urkullu, lehendakari en todas las funciones —ese sí— de los vascos, ha dado la buena nueva de que está abierto a negociar la participación más o menos activa de los nacionalistas vascos de derechas para hacer posible la gobernación de España. Y el portavoz parlamentario de su partido, Aitor Esteban, ha matizado mucho sus palabras para que nadie se llame a engaños.

Lo cierto es que no hay muchas novedades en lo dicho, porque si salvamos la última legislatura, el PNV siempre, o casi siempre, ha jugado un papel relevante en la política española, y hay que reconocer que siempre ha sabido negociar muy bien y casi siempre ha sido leal a sus compromisos. Su entendimiento, como es lógico, se ha producido sobre todo con la derecha, salvando el periodo inmediato al franquismo, en que pactó con el PSOE porque España (y Euskadi, claro) lo que necesitaban eran reformas democráticas y el PNV siempre ha estado del lado de la democracia.

Al PSOE le viene regular ese paso al no frente de los nacionalistas, porque les deja casi solos a la hora de abstenerse o no para que el PP pueda gobernar. El PNV está en el no, y el PSOE puede que tenga que echarse a solas a la piscina, aunque de momento, todo lleva también al no de los socialistas.

Pero insiste Aitor Esteban en que todo es negociable. Y ahí aparecen las cárceles. Por supuesto, cuando se habla con el PNV de cárceles y encarcelados, estamos hablando de ETA y sus militantes asesinos, es decir, de los que han matado o gente o mucha gente.

Porque no hay ninguna asociación ni carcelaria ni familiar en Euskadi que agrupe, por ejemplo, a los condenados por pederastia o violación, cosas que Sabino Arana diría que no son propias de vascos.

El caso es que los militantes etarras, los del tiro en la nuca o la explosión del coche bomba que mataba niños en las casas cuartel, casi nunca han sido considerados por los nacionalistas como asesinos desprovistos de escrúpulos. Más bien, desde el PNV, como desde la iglesia vasca, se les veía como hijos pródigos que algún día volverían a la casa del padre. Al fin y al cabo, el nacionalismo y el catolicismo les llevaron, en íntima asociación, al crimen.

Hoy el PNV quiere negociar llevar la política carcelaria. Para darle un carácter bondadoso, que haga más fácil la reinserción de esas almas temporalmente perdidas.

Y, quién sabe, quizá eso les dé algunos votos más del mundo que los etarras supieron crear a solas.

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