“Memoria”

Jorge M. Reverte 29 jul. 2016

 

El verano es una estación muy propia para ejercitar la memoria, sobre todo la histórica, que no pretende (aunque muchas veces lo pretenda) escribir la historia, sino que se conforma (aunque muchas veces no se conforme) con revivir los recuerdos de las personas y dar un tratamiento digno a sus restos.

Había en España un acuerdo tácito, que nunca funcionó, según el cual cada uno daría a sus muertos el tratamiento que creía que merecían. No se respetó. Los curas que habían mandado enterrar a los rojos a la puerta del cementerio, para que los pisotearan los que entraban y salían, no quisieron sumarse a ese pacto de respeto. Y así muchas corporaciones enredadas en asesinatos.

Pero han pasado ya 80 ochenta años, y yo no conozco a casi nadie que siga rasgándose las vestiduras por el abuelo asesinado, salvo el expresidente Zapatero, que llora al suyo que no conoció y pone en solfa al que le tuvo en sus rodillas.

Ahora, en Málaga, se ha batido un nuevo récord de insensibilidad y estupidez humanas, menos permisibles cuando afectan a lo público. Resulta que en el cementerio de la ciudad se ha abierto un espacio para que los perros meen y hagan todo tipo de deposiciones en libertad. Que yo sepa, no tengo ningún abuelo depositado abajo, donde hay una gran fosa común de republicanos fusilados por el fiscal Arias Navarro y otros cuantos salvajes.

Pero no tener allí ningún pariente no me evita sublevarme ante la genial idea, que ha sido afortunadamente retirada a tiempo. Pero lo desgraciado es que alguien la tuvo y que, probablemente, pensó que haciendo eso se desdramatizaba la memoria de la Guerra Civil, a la cual un día de estos va a proponer algún nacionalista que llamemos “el conflicto civil español”.

Así que hemos pasado de una memoria opresiva e insoportable, que tendía a ocuparlo todo, a una memoria suelta, informal, muy enrollada, una memoria que da gusto evocarla, porque no enfada a nadie.

El autor, o autora, vaya usted a saber, de la idea, quizás haya dado con una estupenda herramienta para destensar las relaciones en España, que consiste en delegar en los perritos eso tan español de cagarse en los muertos del otro.

Así que no debemos de tomarnos como una derrota la gran idea del munícipe. Todas las iniciativas grandes han tenido principios semejantes de incomprensión. Yo, humildemente retiro mi propuesta de volar el Valle de los Caídos, para esperar una iniciativa más imaginativa que venga de la alcaldía malagueña.

Lo mismo les hace gracia a los parientes de los muertos.

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